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Por Ramón Peralta

La pandemia que salimos fue la de Donald Trump, que después de casi cuatro años ha puesto esta nación, como dice el vulgo, “con las patas para arriba”. En casi cien años de historia americana no habíamos visto algo semejante; incompetente como ningún otro, y como dice una nota editorial del New York Times: “El peor presidente americano de la historia moderna.” La misión mas importante de Trump fue servirse a si mismo y actuar como si fuera el “showman” de la película, alabándose de cosas que nunca ha hecho.  Como consecuencia de su egolatría echó hacia abajo el aparato institucional que ha servido de marco histórico al proceso político de la nación. Su meta de gobernar era elevar su ego, alrededor del cual giraba todo. Se convirtió en el sol del planeta político americano.

Apeló, como ningún otro político americano de la presente generación, al uso del racismo como instrumento para llevar a cabo su política de acoso contra los inmigrantes hispanos, a los que calificó con los mas denigrantes epítetos: “criminales”, “traficantes de drogas”, “violadores de mujeres”, “procedentes del hoyo de las heces”, etc. Esos calificativos sirvieron de puerta de entrada a su macabra política inmigratoria, donde se violaron los mas elementales principios de la dignidad humana, de una comunidad cuyo principal propósito de venir a este país es el trabajo y como salida a situaciones de opresión y maltratos.

No le tembló el pulso para poner a miles de niños inocentes al borde del descalabro emocional, separándolos de sus padres como si se trataran de animales. Abrió cárceles para sus padres y para los niños, lugares inapropiados, desprovistos de los mas elementales medios de vida y carentes de los recursos necesarios de salud y educación. Esa macabra acción la llevó a cabo en connivencia con inescrupulosos comerciantes, que han convertido las cárceles privadas en sucios negocios a los que no les interesa la suerte y la vida humana de esos desamparados seres humanos, hijos de las desgracias de sistemas políticos que los desprecian. A esos hombres y mujeres no les queda otra opción que huir del sitio donde viven aunque eso represente la humillación y otras veces la muerte. Trump representó para esos otra epidemia.

Como ningún otro presidente, Trump promovió el divisionismo social y racial, dejando la sociedad sumida en la polarización, la que costará años en estabilizarse debido al profundo odio que sembró entre los ciudadanos, sobre todo, convenciendo a las capas bajas blancas de que están en peligro de desaparecer, lo que trajo como consecuencia el resurgimiento de grupos armados, conocidos como milicias, que durante su administración hicieron presencia en las calles de la nación desafiando incluso a las autoridades de los estados. En numerosos casos recibieron la voz alentadora de Trump.La incidencia de ese mal dejará huellas profundas en la sociedad y costarán años para repararse.

En el orden internacional, desarticuló la política exterior norteamericana, creando suspicacia y desconfianza entre los aliados tradicionales de Estados Unidos, lo que a su vez aisló el país de importantes organizaciones internacionales. En medio de la terrible pandemia del Covi-19 se desligó de la Organización Mundial de la Salud, dejando a esa organización huérfana de uno de sus mas importantes miembros en el momento de mas urgencia. Lo mismo sucedió, al sacar a Estados Unidos de los acuerdos medio-ambientales, conocidos como los Acuerdos de Paris, en un momento cuando el mundo se enfrenta a retos cruciales en la lucha en contra de las amenazas del clima para el planeta.

No hay lugar a dudas, que con la derrota electoral de Trump, el país se libró de otra pandemia.

 

 

 

 


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