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Definitivamente los demócratas quieren sacar a Trompo Loco de la Casa Blanca aunque ya esté del lado del timbre de la puerta.  Faltan solo días para que ese cáncer que tuvo este país como presidente se largue definitivamente, pero sus opositores tienen miedo de que el hombre retorne en el futuro como el ave Fenix, porque su derrota no fue un barrido, sino un rasante.  71 millones de americanos votaron por él, y aunque ahora los de “cuello blanco” que lo apoyaban lo critiquen, al momento en que vean que el hombre tiene posibilidades, lo volverán a apoyar.

 

Probablemente el famoso Impeachment, lo que haga es ayudarlo a convertirse en mártir.  Y de todos modos, aunque sea condenado y ya no pueda volver a la política, ahí está su hijo, el Jr., que es tan malo o peor que él.

 

Lo que deben hacer los demócratas, es ocuparse de mejorar la educación en el país para que las nuevas generaciones sepan lo que significa el racismo.  Enseñarles que el nacionalismo no está por encima de los valores humanos; y que Estados Unidos no es el centro del universo.  Solo así no se prolongará el pensamiento negativo de gente como Trompo Loco.

 

Trompo Loco pensaba que la política es un juego de naipes de los que se juegan en sus casinos.  Estaba seguro de que se iba a quedar en la Casa Blanca de cualquier manera:  primero creía que contaba con suficientes votos (en lo cual no estaba lejos de la verdad); Segundo, en caso de que se produjera un impase como el de Gore y Bush en el 2000, ya tenía a su favor la mayoría de los jueces de la Suprema Corte y al Senado; y tercero, si esto fallara, contaba con el apoyo de todas las organizaciones supremacistas y conservadoras a quienes él coronó de favores durante su mandato, para quedarse por la fuerza alegando que ganó y le querían robar las elecciones.  Pero el tiro le salió por la culata y le pasó lo que a Chacumbele, que el mismito se mató.

 

Por cierto, llama curiosamente la atención la actitud el presiente de México, López Obrador, con respecto a Trompo Loco.  López Obrador cree, que manteniendo buenas relaciones con el enemigo se obtiene alguna ventaja.  En ese mismo error estaba Peña Nieto.  Después de que Trompo Loco dijo que los inmigrantes mexicanos eran ladrones, violadores y asesinos, lo invitó a visitar México para tomarse un café.  Trompo Loco fue y lo que hizo fue volver a repetir lo mismo, y a anunciar la construcción del muro, que según él pagaría México.

López Obrador accedió a la petición de Trompo Loco de detener las caravanas de inmigrantes centroamericanos. También de dejar en México a las personas que solicitan asilo, lo cual es una violación a los acuerdos internacionales sobre el asunto. ¿Y que le dio Trompo Loco a cambio?  NADA.  Siguió tratando de deportar a los muchachos del DACA; incrementó las normas de inmigración para deportar automáticamente a los inmigrantes; cambió las normas de inmigración para hacer casi imposible la legalización y continuó con su famosa obra del muro parta impedir que los mexicanos entren a Estados Unidos.

El colmo de todo esto es, que López Obrador aún considera a Trompo Loco su amigo.

Señor, con amigos así, los enemigos están demás.

 

Nos vemos en los próximos Jalapos si la Virgenita lo permite.

 

 


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