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Por Ramón Peralta

Muchos de ustedes se preguntarán por qué seguimos hablando de Trump si él ya no está en la presidencia. Lo hacemos porque en política los hombres que manejan la cosa pública al marcharse dejan rastros de sus políticas y es bueno recordar lo que nos dejaron para así poder evaluar las políticas de sus reemplazantes y ser realistas al asumir su evaluación. Un caso específico es la política inmigratoria dejada por Trump y la posición de la nueva administración.

Hasta ahora, y esto lo sostendré hasta que alguien me demuestre lo contrario, no ha habido un presidente norteamericano en la historia reciente, es decir, de 1980 hacia acá, que haya llevado a cabo una política inmigratoria semejante a la de Trump, no solamente por el hecho del número de deportados sino por la retórica racista y xenofóbica con la que acompañó su política. Ya antes de asumir la presidencia y declararse candidato, Trump comenzó a dar muestra que su política inmigratoria era un afrenta a los mas elementales principios humanos. Recuérdense cuando hizo un escándalo publicitario queriendo demostrar que el Presidente Obama no era un ciudadano americano, solamente por el hecho de ser negro.

De manera que, al juzgar la política inmigratoria de Trump hay que irse más allá de la simple deportación y tomar en consideración otros elementos adicionales que convirtieron su política inmigratoria en la mas funesta que se haya llevado a cabo. La política de Trump estuvo sistemáticamente dirigida a echar por el suelo el valor humano del inmigrante, no solamente del llamado “indocumentado” o “ilegal”, si no de todo aquel cuyo rostro no tuviera la raíz europea de blanco. De ahí que su política inmigratoria abarcara asuntos que ningunos de sus predecesores los consideraron como motivos para realizar una deportación o como restricción a los derechos del inmigrante de residir en el país. Fue tan lejos en su afán, que prácticamente llegó a paralizar el sistema de asilo, reduciendo algunas de las consideraciones que tradicionalmente se tomaban en cuenta, como era el caso de la violencia doméstica.

Según los datos, la administración Trump, en el 2020 solo llegó a conceder asilo a menos de la mitad de los que concedió Obama al final de su administración. Lo mismo sucedió con la política de reasentamiento de refugiados. En ese renglón redujo en mas de un 85% lo que Obama logró en su último año. En los primeros meses de asumir la presidencia, Trump redujo la admisión de refugiados de 110,000 a 50,000. En su último año de la presidencia, 2020, fijó el límite de admisión de refugiados en 15,000, el mas bajo establecido por un presidente en los últimos años.  

A través del programa de reasentamiento, 3.1 millones de refugiados se han logrado establecer en Estados Unidos desde 1980. No hay lugar a dudas, que toda la política trumpista de inmigración estuvo inspirada en su obsesión de cerrar por completo la frontera sur y así impedir la entrada de los inmigrantes procedentes del “hoyo de las heces”, como cínicamente repitió en numerosas ocasiones. No hay que olvidar también, que siempre sustentó sus posiciones en la falsa percepción, de que lo que hacía estaba amparado en preservar la seguridad nacional.

A pesar de esta terrible realidad creada por la administración Trump contra los inmigrantes, hay muchos, entre ellos “analistas” políticos, que no alcanzan a comprender el alcance negativo de su política inmigratoria y han adoptado la simplista posición, de juzgar las medidas adoptadas por el Presidente Biden de desmantelar algunas de las disposiciones inmigratoria de Trump, como algo “mas de lo mismo” y que no importa los cambios que ya se han hecho porque, según

ellos, las deportaciones seguirán. Al adoptar esta posición, los opositores a las medidas tomadas por Biden, muestran un desconocimiento cabal de los alcances y los beneficios que conllevan para miles de inmigrantes las disposiciones adoptadas por el Presidente Biden. Enumeremos algunas de las medidas que hasta ahora se han tomado: 1)Oficializar el DACA, del que se beneficiarán miles jóvenes inmigrantes; 2)Ordenó la creación de un grupo de trabajo para reunificar a los menores que fueron separados de sus padres tras cruzar la frontera; 3)Determinó revisar los protocolos del programa “Quédate en México”, por el cual mas de 60,000 solicitantes de asilo fueron devueltos a ese país, donde atraviesan inmensas dificultades;4)Paralización de la construcción del muro;5)Terminó la prohibición de entrada de los ciudadanos de ciertos países musulmanes;6)Ordenó expandir el establecimiento de refugiados;7)Abolió el acuerdo denominado “Tercer país seguro”, por el cual autorizaba al gobierno americano a enviar a Guatemala a los migrantes salvadoreños y hondureños deportados de Estados Unidos;8)Determinó que no se tomen en cuenta para la deportación aquellos inmigrantes con cargos menores y que el ICE se concentre en aquellos que se consideren peligro para la seguridad nacional y 9)Despenalizó que recibir beneficios públicos sea un impedimento para pedir un familiar.

No hay lugar a dudas, que estas disposiciones, entre otras que no hemos nombrado, representan un importante paso de avance en la política inmigratoria del país y  mientras tanto, sirven de alivio a miles de inmigrantes. Es cierto, que estas medidas no representan la respuesta total al problema inmigratorio, pero por eso no dejan de ser importantes. La lucha para lograr otros objetivos mas amplios debe continuar, pero mientras tanto no dejemos de tomar en cuenta los pasos positivos que representan las medidas tomadas por la administración Biden. Los cambios en los procesos políticos se logran paso a paso a no ser que sean impulsados por una revolución y esto no ha de esperarse que suceda por el momento en América.

 

 

 


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