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El Recurso de la ignominia

Parece que el odio racial, el desprecio a los pobres, el desdén a los países subdesarrollados, la idolatría al poder y al dinero, y el despotismo, han ganado terreno en los últimos años.

Ahora resulta que, para ciertos intelectuales, la ultraderecha americana y las dictaduras de América Latina del siglo pasado eran mejores que los gobiernos democráticos de ahora.

La costumbre de razonar las cosas de ese modo es inherente a la intelectualidad orgánica de las oligarquías tradicionales, pero que se convierta ahora en el discurso de algunos intelectuales supuestamente liberales, resulta como si de repente viéramos volar a los gatos y caminar a los peces.

En Estados Unidos existe un establishment político que maneja el poder a su antojo. Por un lado, muestra la cara amable y por el otro la del verdugo.  En ese juego, esa elite que responde al poderoso mundo corporativo le cierra el paso a todo lo que apenas pellizca los beneficios del poder, como ocurrió en las dos últimas primarias demócratas en las que la opción del senador Bernie Sanders fue apartada sin disimulo de las alternativas para las elecciones del 2016 y 2020.  Sin embargo, la alternativa de la extrema derecha, la de Donald Trump, fue aceptada con beneplácito por la cara dura del Establishment, porque contrario a la de Sanders, garantizaba las ganancias corporativas, en especial, aquellas productoras de energía de recursos fósiles, y emisoras de gases tóxicos para la atmósfera que se niegan a invertir en filtros industriales.  Representaba la reivindicación de la economía del proteccionismo y la línea política ultraconservadora.

En este último aspecto, en el político, Trump representó el retroceso en todos los avances de la lucha por la igualdad de derechos en el país y reivindicó a los grupos de Supremacía Blanca y  de los denominados neonazis.  Cosa que para el lado amable del establishment resultó inaceptable. Eso explica el enorme esfuerzo hecho por el Partido Demócrata para sacar a Trump del poder, y el abundante recurso financiero de esa iniciativa.

La actual administración de Joe Biden, en respuesta al apoyo recibido, marcado con el sello Anti-Trump, comenzó desde el primer día en la oficina Oval a revertir todas las órdenes ejecutivas ultraderechistas de Trump.  Esa antítesis parece haber sacado a la superficie los reales sentimientos de algunos intelectuales quienes han saltado como abejas alborotadas a atacar fieramente el establishment moderado rememorando sus elementos negativos, su pasado antiinmigrante y su compromiso con las grandes corporaciones.

Para nadie es un secreto que entre las etiquetas que marcaron la administración de Obama, se encuentra la enorme cantidad de deportaciones, la mayor en una administración, pero también se encuentran los esfuerzos por proteger a los jóvenes inmigrantes indocumentados (DACA) y la fracasada intención de una amnistía (DAPA).  También los cambios, mas positivos que negativos, en la política norteamericana hacia América Latina.  Lo mismo que las iniciativas de protección ambiental con la producción de energía limpia.

Lamentablemente, muchas personas han sido influenciadas por esta retórica que no hace mas que redimir el reciente triste pasado en el que los sentimientos mas nauseabundos de la humanidad ocuparon la mayor instancia de poder del país políticamente mas influyente del mundo.

La actual administración demócrata no es nada revolucionaria, pero por fortuna todo lo contrario, al retroceso que representó la republicana anterior.


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