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VI

Ramón Peralta

Los PACs (Comités de Acción Política), a los que nos referimos en el artículo anterior, continuaron expandiéndose como los suplidores de dinero en las campañas políticas, debido sobre todo, a su efectivo trabajo y  que no estaban obligados por ley a revelar los nombres de las personas contribuyentes. Además de los PACs surgieron los Super PACs, creados para servir de vehículos a las grandes corporaciones. Hoy por hoy estos grupos son los que tienen la predominancia en el financiamiento de las campañas electorales. Se estima que las contribuciones de los Super PACs se elevan a un 63% del gasto electoral. Por tal motivo, ambos partidos, el Demócrata y el Republicano, usan el servicio de los PACs con el fin de impulsar sus campañas. Eso ha dado motivo a que el gasto electoral cada vez sea mas elevado y determinado por los poderosos del dinero. Por ejemplo, en el 2016 el gasto de la campaña fue de $2.4 billones, sin embargo, la última del 2020 subió a $14 billones.

Las razones detrás del aumento de los PACs y super PACs se debe al efectivo trabajo que juega el dinero que aportan a las campañas de los partidos y a la vez, los buenos resultados que a cambio reciben los grupos que aportan el dinero. De manera que, se trata de un doble juego del que el ciudadano común no está consciente y a quien vilmente se le engaña, haciéndole creer que el proceso electoral es un acto limpio y de igualdad para todos. El dinero que los grupos de poder usan en la campaña no es con el fin altruista de contribuir a un acto cívico como las elecciones, sino como un medio de obtener beneficios económicos de esos que llegan al poder gracias a sus contribuciones.

Por otro lado, los PACs no son los únicos medios que los grupos del poder económico usan para obtener beneficios de aquellos que se convierten en sus vasallos políticos, sino que usan otros mecanismos conocidos con el nombre de “Lobbyists” y que podríamos traducirlo como grupos de cabildeo político. Estos grupos están compuestos por políticos profesionales, ex funcionarios y ex legisladores, cuyo trabajo es influenciar a funcionarios y agencias del gobierno, sobre todo legisladores, con el fin de cambiar leyes y regulaciones a favor de aquellos que los subvencionan. Es decir, son mediadores para invitar a los políticos a servir los intereses de los grupos de poder. 

Los que mayormente se benefician de estos grupos de cabildeo o “Lobbyists” son las grandes corporaciones, que los usan para cambiar a su favor las reglas del juego político y las implicaciones económicas que estas conllevan. Aunque hay “Lobbyists” de todas categorías, los de mas influencias son aquellos financiados por el gran dinero. En otras palabras, el resto de la gran población no se beneficia de igual manera del trabajo de los cabilderos. Los grupos medios y las capas bajas de la población no son los principales beneficiarios del trabajo de los “Lobbyists”, ya que, no poseen los medios económicos para financiarlos y hacer cambiar las intenciones de los políticos. Si los tienen no alcanzan para pagar el acceso que poseen los de las grandes corporaciones.

El trabajo de estos cabilderos se ha convertido en un fuerte poder político para beneficios de aquellos que los subsidian. El trabajo de los “Lobyyists” ha sido tan beneficioso que en 2020 se estima que habían 11,524 cabilderos registrados en Washington, cuyo financiamiento se elevó a la suma de $3.51 billones. Esa cantidad representa el doble de lo que se gastaba en el año 2000.

Entre las principales empresas que financian los “Lobyyists” o cabilderos están: la industria farmacéutica, los seguros, asociaciones de negocios, las industrias del gas y el petróleo, la industria de las armas, hospitales, asociaciones de vendedores de casas, entre otros. Solamente la industria farmacéutica usó el pasado año cerca de $306.23 millones en el pago de cabilderos.

Esta práctica del juego político de la democracia americana pone en evidencia las barreras y obstáculos políticos que enfrentan aquellos sectores que tratan de aplicar y pasar legislaciones tendientes a enfrentar críticos problemas sociales de los grandes sectores medios y pobres de la población. La extrema polarización de la riqueza en la sociedad americana tiene su raíz en cómo los grupos poderosos del dinero manipulan el poder a su favor con la complacencia de sus políticos servidores. En ese sentido, se puede decir, que las expectativas de los pobres en el juego de la democracia es una esperanza vana soportada por el mito de la igualdad del voto y la representación. El sistema político está en manos de aquellos que manejan el capital. En la próxima y última entrega de esta serie veremos de manera mas concreta los frutos que cosechan los financiadores del sistema político que nos rige. 


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Entrevista con Ana José, de la Cámara Hispana de Ciomercio del Oeste de Michigan.

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