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Por Ramón Peralta

Como todo fenómeno socio-político, la inmigración y sus orígenes no se escapan a la imaginería de la población, dando lugar a que sus causas y sus raíces se tergiversen y se pierdan los reales motivos del hecho. La idea mas común que se suele escuchar en la población acerca de la inmigración, sobre todo entre los inmigrantes ya establecidos, es de carácter moral, atribuyéndole la causa a la irresponsabilidad de aquellas personas que se embarcan en el largo y temeroso viaje desde sus países de origen. Las imprecaciones y condenas se hacen mas fuertes cuando los inmigrantes se hacen acompañar por niños.

Los que apelan a estos argumentos de tipo moral suelen desconocer las raíces reales de los males que impulsan a esos miles de seres humanos a realizar la peligrosa aventura. Está mas que comprobado que el asunto inmigratorio nada tiene que ver con la moral de aquellos que emprenden el peregrinaje hacia el norte. La raíz del problema se resume en tres aspectos: económicos, políticos y sociales.

Hablemos de los dos últimos y luego del primero. En el aspecto social se ha demostrado que existe una gran descomposición social en los tres países centroamericanos que comprenden lo que se ha denominado el triángulo del norte: Honduras, El Salvador y Guatemala. En esos países los gobiernos han sido incapaces de controlar la violencia y el crimen rampante que existen en sus territorios, sobre todo en las áreas donde habitan los sectores pobres de la población. Las condiciones de pobreza han elevado los índices de criminalidad y el pandillerismo controla los barrios populares hasta el punto de hacer la vida imposible a la mayoría de sus ciudadanos a los que no les ha quedado otra opción que emprender la peligrosa huida hacia el idílico Norte.

La corrupción entre los políticos de la región tiene mucho que ver con la condición en que viven sus pobladores. La política se ha convertido en un negocio para muchos políticos, que usan sus cargos no para servir sino para servirse ellos mismos. No es extraño encontrar en la región, políticos, que al final de su gestión, terminan siendo millonarios mientras sus pueblos caen cada vez mas en la miseria y la desesperación. Por ejemplo, Honduras es el país de mayor desigualdad en América Latina y el sexto en el mundo. El nivel de pobreza alcanza al 64.5% y la extrema pobreza llega al 42.6%. Pero en medio de esa realidad el Presidente Orlando Hernández recortó el gasto social del gobierno. La situación no es menos diferente en El Salvador y Guatemala. En El Salvador 29.2% vive en la pobreza y en Guatemala con una gran población aborigen cuyo 75% vive en extrema pobreza.

Mientras en estos países las mayorías viven esta realidad, los pequeños grupos de ricos aumentan sus riquezas de manera desproporcional, gracias al soporte que reciben de los gobiernos “democráticos” de la región. La concentración de las riquezas en pocas manos es una de las razones de la precaria situación económica en que viven las mayorías y la que los impulsa a abrazar la tragedia de la migración. En la mayoría de los reportes sobre la migración se oculta esta realidad y en su lugar se pone atención a otros elementos secundarios, que aunque terribles no constituyen las causas primarias de lo que sucede. No hay que pasar por alto también, que mucha de la culpa de esta situación, la tienen los Estados Unidos que históricamente han apoyado regímenes corruptos para mantener la hegemonía de las corporaciones americanas y de los grupos minoritarios de ricos del área, quienes también migran pero como turistas para disfrutar del dinero que acumulan a costa de la opresión de los pobres.

 


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