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Parte I

Por Ramón Peralta

No hay una disciplina académica en la que las distorsiones hayan jugado un papel tan grande en sus objetivos como la Historia. Tradicionalmente ha sido considerada, entre las gentes del común, como un cuento del pasado, donde se exaltan los héroes y personajes como protagonistas a la manera de una película. Se inculca a los escolares a recitar y aprender de memoria las hazañas de estos héroes, haciendo hincapié en la pureza inmaculada de sus acciones como medio de incitar el “patriotismo”.  También se le da pre-eminencia a grupos particulares, ya sea por su procedencia, estatus socio-económico y origen racial, echando a un lado aquellos grupos categorizados como pobres y desclasados, y pertenecientes a etnias raciales de piel oscura. Por otro lado, se destaca el hecho político como el definitorio único del pasado.  

Frente a esa visión parcializada de la realidad del pasado ha surgido una nueva historia cuyo objetivo es analizar en su conjunto todos los elementos que intervinieron en la conformación de los hechos del pasado, dejando atrás el culto al personalismo y presentando la realidad en un contexto mas global, destacando los elementos socio-económicos y no solo políticos bajo los cuales se produjeron los hechos. En ese sentido, se destacan sin distinción alguna los roles desempeñados por todos los sectores en el hecho histórico. Esa nueva historia se denominó “Historia Social” y otros la llamaron “Historia Crítica”.

Esta última visión de la historia es la que grupos de ultraconservadores están tratando de impedir que se enseñe en las escuelas, bajo los pretextos de: “que están envenenando las mentes de nuestros niños”, “degradando el patriotismo”, “llenando de odio las mentes de los estudiantes”, “creando la división”, “llevando a la enseñanza que América es una nación racista”, “que están traumatizando nuestros estudiantes exponiéndolos a la existencia del racismo en la historia del país”, etc.,etc.

Como se ve, los fines de esas consignas tienen el  propósito de impedir que nuestros estudiantes reciban la correcta instrucción sobre lo que sucedió en el pasado histórico de la nación y la incidencia del racismo y la discriminación en la vida y  la política americana. Proclamar la negación de la existencia del racismo con el fin de exaltar el “patriotismo” y que este estado nació bajo la consigna de la “igualdad”, es una manera mas de justificar el pasado en base a la mentira. Está mas que confirmado que la mayoría de los líderes de la independencia poseían esclavos. El propio Washington y Jefferson, el líder mas liberal de los fundadores, eran propietarios de esclavos. Este hecho pone en cuestionamiento también la ideología de la “igualdad” que los líderes fundadores estamparon en el texto constitucional, cuando al mismo tiempo  en la mayor parte del territorio del nuevo estado predominaba la esclavitud como sistema de explotación económica y degradación humana.

Por otro lado, la práctica política que los fundadores establecieron, descansaba en el privilegio exclusivo de una minoría. El derecho al voto estuvo reservado solo para aquellos que poseían propiedades, dejando a un lado aquellos que no lo eran y sobre todo, a la mujer que tuvo que esperar casi 144 años para obtener el derecho a votar. Y no se diga de los esclavos que no eran considerados como seres humanos.

Reconocer esta realidad no quita el mérito de los fundadores del estado por proclamar la independencia y la liberación del  colonizador inglés, como proclaman los ultraconservadores y solidarios de la idea romántica del pasado.

La historia como disciplina de la enseñanza no se apoya en el sentimentalismo si no en los hechos reales del pasado. En ese sentido, no es una ideología política, ni religiosa, ni de raza, como los sustentadores del “sueño americano” la quieren presentar. Volveremos sobre esto en el próximo artículo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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