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Por Ramón Peralta

Uno de los pilares mas importantes donde se sienta toda democracia es la educación pública, cuya esencia está en el servicio a todos los miembros de la sociedad no importando su condición económica, posición ideológica o religiosa. En ese sentido, la escuela pública según la ley que la sostiene está libre de toda atadura o condicionamiento para ofrecer sus servicios a todos los ciudadanos por igual. Pero no han faltado quienes han querido distorsionar la función de la enseñanza para ponerla al servicio de sus intereses particulares y así desnaturalizar su sentido democrático.

En ese sentido, sectores de la ultraderecha política han vuelto a retomar su lucha para establecer condicionamientos ideológicos en la enseñanza pública y que esta desaparezca tal y como ha sido hasta hoy: un instrumento sin barreras para facilitar el aprendizaje a nuestros niños y de esa manera lograr el ascenso social a una mejor vida.  

El ataque a la educación pública comenzó a tomar fuerza en los años 1990s con la promoción de las iniciativas conocidas como “vouchers school”, que consistían en permitir que los fondos públicos dedicados a la educación pública pudieran ser transferidos al sector privado de la educación. Ese movimiento dio lugar al establecimiento en numerosos estados de las llamadas “charter schools”, que no son mas que centros educativos privados financiados con el dinero destinado a la educación pública. El desarrollo de estas escuelas ha traído como consecuencia la limitación de los fondos escolares de las escuelas públicas, que a su vez ha afectado el uso de recursos en la enseñanza de nuestros niños residentes en los sectores pobres, ya que las “chárter schools” han atraído a sus centros a los sectores medios-bajos de la población infantil.  

Pero el movimiento que hoy impulsan los sectores de ultraderecha va mas lejos, ya que se trata de trazar líneas sobre lo que se debe enseñar o no en las escuelas y que los padres tienen el derecho de tomar esta iniciativa en sus manos. Es decir, que los padres y no los maestros son los llamados a trazar el curso de la educación. En ese sentido, se ha desarrollado un movimiento de rechazo a la enseñanza de la historia americana en lo que toca al rol desempeñado por la esclavitud y los efectos que esta tuvo en la práctica del racismo en contra de la población negra de la nación. Grupos de padres afiliados a este movimiento, y por supuesto blancos, apoyándose en falsedades afirman, que de lo que se trata es de “adoctrinar a nuestros niños y crear en ellos un sentido de culpabilidad sobre la esclavitud” y que, por tanto, esa parte de la historia debe ser sacada de la enseñanza. En otras palabras, ocultar la verdad de la historia para imponer la mentira. Esta idea está siendo divulgada a través de los medios sociales y del conocido canal de televisión “Fox News”.

Por otro lado, en ciertos distritos escolares de la nación se están llevando a cabo censuras de libros de textos y prohibiendo obras de historia en bibliotecas públicas, apoyados en falsos principios como en los buenos tiempos de la Inquisición. De manera que, se trata de un plan con el fin de desestabilizar la educación pública y así provocar su quasi desaparición, y al mismo tiempo ponerla en manos privadas, lo que iría en detrimento de la educación de las capas pobres de la sociedad a las que sirve el actual sistema de educación pública.

Las acciones de estos grupos causan preocupación, ya que, están dirigidas a debilitar la educación pública con el propósito de imponer criterios ideológicos ajenos a su misión y así distorsionar los fines que hasta ahora ha logrado bajo la sombra del libre pensamiento.  

 


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