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George Junius Stinney Jr. fue, a la edad de 14 años, la persona más joven en ser ejecutada en los Estados Unidos y el último menor de dieciséis años en morir por la misma forma.

Stinney fue condenado por el asesinato de dos niñas: Betty June Binnicker, de once años y Mary Emma Thames, de ocho, en el Condado de Clarendon, Carolina del Sur el 24 de marzo de 1944. Stinney fue arrestado al día siguiente bajo cargos de asesinato en primer grado. El juicio tuvo lugar el 24 de abril en el Tribunal del Condado Clarendon. Una vez seleccionado el jurado, comenzó el juicio, a las 12:30 p. m. y terminó a las 5:30 p. m. Tras solo diez minutos de deliberación, el jurado dio el veredicto de culpable.

Bajo las leyes de Carolina del Sur en ese momento, toda persona sobre la edad de catorce años era tratado como a un adulto. Stinney fue sentenciado a muerte en la silla eléctrica. La ejecución fue llevada a cabo en la Penitenciaría Estatal de Carolina del Sur en Columbia la mañana del 16 de junio de 1944, menos de tres meses después del crimen.

El caso de Stinney se ha considerado controvertido hasta nuestros días, porque no ha sido resuelto satisfactoriamente y porque las investigaciones y el proceso judicial demostraron severas anomalías. En 1988 el caso dio lugar a la novela de David Stout, Carolina Skeletons. En 1991 se filmó la película Carolina Skeletons (también The End of Silence) basada en la novela y dirigida por John Erman, con Kenny Blank (quien cambió su nombre más tarde a Kenn Michael) como Linus Bragg, el chico de catorce años representando a George Stinney Jr.

Más tarde se comprobó que la viga con la cual fueron asesinadas las dos niñas pesaba más de cuarenta y dos libras (19,07 kilogramos) y era evidente que Stinney era incapaz de levantarla y, mucho menos, de golpear con ella a ambas niñas. El 17 de diciembre del 2014, setenta años después de su muerte, George Stinney Jr. fue absuelto de sus cargos y su condena considerada como nula por parte del tribunal de circuito de Carolina del Sur.

La jueza de Carolina del Sur, Carmen Tevis Mullen, decretó que el condenado a muerte más joven de la historia de Estados Unidos no tuvo un proceso justo.

La juez dictaminó que el proceso judicial contra George Stinney había estado plagado de "violaciones fundamentales y constitucionales a un proceso regular".

Durante un proceso que no duró más de una jornada, la policía afirmó que contaba con la confesión del adolescente, aunque no se encontró ninguna prueba escrita en ese sentido en los archivos judiciales. Su abogado, un cobrador de impuestos, en ese entonces en plena campaña para su reelección, convocó a muy pocos testigos y apenas realizó algunos simulacros de contra interrogatorios.

Al jurado le bastaron apenas unos minutos para condenar al adolescente a la pena capital. Su abogado no apeló el fallo, lo que hubiera bastado para suspender la ejecución. Al examinar las actas del proceso, la magistrada Mullen no halló ninguna referencia a la presentación del arma del crimen.

La hermana de Stinney afirma que ella estaba junto a su hermano el día del asesinato y que por lo tanto no podría haberlas asesinado.

Fuente: WPD

 


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