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Por Dra. Abha G Varma, MD

Especialista en Medicina Interna

Doctorabha.com

 

Lo que comenzó como una enfermedad viral misteriosa que se extendió por todo el mundo, se ha convertido en una carga médica, financiera y social más allá de toda medida o control. El COVID-19, una partícula viral cambiante que aún puede aprender a evadir las vacunas a medida que muta más allá de su tipo salvaje, ha obligado a una pausa internacional nunca vista en nuestra vida.

Las pandemias ocurren una vez en la vida, no, una vez en un siglo. Este virus ha puesto a prueba nuestra fe en la ciencia y en la humanidad, ya que millones han perdido sus puestos de trabajo, se han gastado miles de millones en restaurar la economía y miles de millones más en una carrera por la cura. ¿Cómo nos calificaremos a nosotros mismos? ¿Y qué habremos aprendido?

La gravedad del virus es indiscutible.

El Covid-19 es real, es mortal, y continúa infectando y cobrando vidas. Entonces, ¿cómo podemos pensar en abrir el país como si hubiéramos ganado esta pelea? ¿Cómo podemos actuar en comunión entre amigos y familiares, extraños y compañeros de trabajo como si la pandemia hubiera terminado? La apertura del país puede ser considerada por algunos como un triunfo, pero por otros, como un error de cálculo prematuro.

Cualquier sugerencia de ganar esta pelea dependerá de que una nación comprometida trabaje en conjunto para comprender el daño que el COVID-19 ha causado (750,000 y un número creciente de vidas perdidas aquí solo en los EE. UU.) Con casos positivos aún existentes, focos de estadounidenses aún sin vacunar y vidas más jóvenes ocupando camas de hospital.

La confianza en el sistema y aceptar al mandato de la máscara y las restricciones pueden llegar a considerarse ambiciosas. La intención de una administración de lograr un hito heroico para el 4 de julio se basó en gran medida en un impulso que no prevaleció después de abril. Si bien ninguna aspiración está garantizada, la pregunta de por qué no podemos considerar este ambicioso objetivo de lograr la inmunidad colectiva (75% de la población completamente vacunada) como una victoria colectiva para esta nación rica, es digna de discusión. Un retiro a la soledad y el aislamiento del 2020 no es algo que deba repetirse, pero puede ser necesario una vez más en medio de nuestro lapso de impulso nacional y local.

En la actualidad, el 60% de los habitantes de Michigan han respondido al llamado de la vacunación para abrir nuestros bares, restaurantes, gimnasios, de hecho, nuestras vidas. Todos debemos hacer nuestra parte. Haz las preguntas correctas. Comprometerse con la cura, que es reconocer que este virus se ha cobrado la vida de nuestros seres queridos, mientras que nuestros trabajos se han puesto en peligro y nuestra capacidad para viajar y ver a nuestros amigos y familiares al otro lado de la frontera se ha visto comprometida.

No soy un estratega del miedo. Soy medico. Lo he visto todo. Lo he dicho todo. Lo he escuchado todo. Te lo prometo, mi misión no ha vacilado. Protegerse significa protegerse unos a otros. No podemos estar seguros como individuos hasta que estemos seguros como estado y como nación. Debemos vernos a nosotros mismos como parte de un todo más grande y vulnerable. Cualquier cosa menos presagiará un regreso a la forma en que eran las cosas el año pasado. Haga las preguntas correctas. Consulte a su médico. Confíe en la ciencia, en los hechos, en los datos, no en las historias de unos pocos. El conjunto más amplio ha sido testigo de la pérdida de 5 millones de vidas en nuestro frágil mundo. No podemos permitirnos el lujo de perpetuar esta devastadora pandemia cuando tenemos un milagro científico disponible en forma de una vacuna que es gratuita, en todas las farmacias y disponible para todas las personas de 5 a 105 años. Pregúnteme. Pregúntele a sus médicos de confianza. Obtenga información y permita que la atención médica responda a sus preguntas.

 

www.fox17online.com Lunes a las 7:20 am aparición para la discusión de Covid19

 

WASHINGTON (AP) — Unos 900,000 niños de entre 5 y 11 años recibirán su primera dosis de la vacuna contra COVID-19 en la primera semana de elegibilidad, informó el miércoles la Casa Blanca.

La aprobación final de las vacunas para niños fue otorgada el 2 de noviembre y al día siguiente ya había chicos recibiendo la inyección.

Actualmente unas 200,000 farmacias, clínicas y consultorios médicos están ofreciendo la vacuna y el gobierno calcula que para la noche del miércoles más de 900,000 niños habrán recibido su inoculación y otros 700,000 en los días subsiguientes.

Unos 28 millones de chicos entre los 5 y los 11 años pueden recibir la vacuna Pfizer, que tiene un tercio de la potencia de la aplicada para adolescentes y adultos.

Los chicos que reciban sus dos dosis para fines de la semana entrante estarán totalmente inoculados para las fiestas navideñas.

El gobierno está animando a las escuelas a ofrecer vacunas en sus predios, a fin de estimular la participación en la campaña. La Casa Blanca, además, le está pidiendo a los colegios propagar mensajes de expertos de confianza, como médicos o funcionarios de salud locales, a fin de combatir la desinformación.

GRAND RAPIDS, MICHIGAN El martes, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) de Estados Unidos autorizaron el uso de emergencia para la vacuna contra el COVID-19 desarrollada por Pfizer y su socio BioNTech a partir del viernes para los niños de 5 a 11 años. 

Como resultado de este desarrollo, el Departamento de Salud del Condado de Kent (KCHD) actualmente está programando citas para la vacuna contra el COVID-19 de Pfizer BioNTech para este grupo etario. Además, todos los centros tendrán un horario extendido el martes 9 de noviembre y el martes 16 de noviembre de 2021 de 8 a. m. a 11:45 a. m. y de 12:45 p. m. a 6:45 p. m. Las citas pueden programarse para los tres centros del KCHD llamando al (616) 632-7200 durante el horario de atención habitual. 

Se requiere que el padre, la madre o el tutor legal asista a la cita de vacunación o que envíe una certificación con un adulto de al menos 18 años de edad que indique que este cuenta con la autorización legal para firmar en nombre del menor para la vacuna. Este adulto debe estar familiarizado con los antecedentes médicos del menor. 

“Nos complace enormemente poder ofrecer esta próxima ola de vacunas a los niños más pequeños”, expresó Mary Wisinski, supervisora de vacunación del KCHD. “Detectamos un aumento en la cantidad de niños infectados con COVID-19 desde este verano. Esta vacuna los protege a ellos y también ayudará a disminuir la transmisión de la enfermedad en nuestra comunidad. Vacunar a un solo niño tiene el potencial de salvar muchas vidas”. 

Al igual que la versión para adultos, esta vacuna requiere dos dosis, que se administran con una diferencia de al menos tres semanas una de otra. Sin embargo, la dosis es aproximadamente un tercio de la dosis para adultos. Además, se utilizará un empaquetado diferente para evitar confusiones, así como es probable que se usen agujas más pequeñas. 

Entre sus hallazgos durante las pruebas clínicas, la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) de Estados Unidos determinó que la vacuna de Pfizer tiene un 90.7 % de eficacia para la prevención de COVID-19 en niños de 5 a 11 años. La seguridad de la vacuna se analizó en aproximadamente 3,100 niños de 5 a 11 años y no se detectó ningún efecto secundario grave durante el estudio en curso. Actualmente el uso de la vacuna de Pfizer solo está aprobado para niños de 5 a 11 años.

Así mismo, la orden actual de uso de mascarilla en las escuelas del Condado de Kent expirará 60 días después de la fecha en que la vacuna contra el COVID-19 se autorice o se apruebe y esté disponible para las personas de pre kindergarten a sexto grado, o después de que los CDC clasifiquen como “baja” la tasa de infección durante al menos siete días consecutivos. 

Para obtener respuestas a las preguntas frecuentes, mire el video de Datos sobre la Vacuna (Facts about the Vax) en YouTube.com buscando KCHD News Network. Se anima a los residentes a visitar vaccinatewestmi.com para encontrar centros adicionales.

 

NUEVA YORK (AP) — ¿Son las dosis de refuerzo iguales que las vacunas anteriores contra el COVID-19?

Sí, las dosis de refuerzo utilizan la misma receta que las anteriores, pese a la aparición de la variante delta, más contagiosa. Las vacunas no se modificaron para ajustarse a delta porque siguen funcionando bien.

Las vacunas funcionan entrenando al cuerpo a reconocer y combatir la proteína espicular que recubre el coronavirus y le ayuda a invadir las células del cuerpo. Por suerte, las mutaciones de delta no hacían al virus tan diferente como para evitar la detección.

La protección adicional que podría obtener de una dosis de refuerzo modificada para ajustarse mejor a una variante sería mínima, indicó el doctor Paul Goepfert, director de la Clínica de Investigación de Vacunas de Alabama en la Universidad de Alabama en Birmingham.

Fabricar dosis con una nueva fórmula también habría retrasado la distribución de los refuerzos.

Moderna y Pfizer estudian dosis de refuerzo adaptadas a delta y otras variantes para que estén listas si son necesarias. Las autoridades de salud tendrían que decidir si y cuándo merecería la pena cambiar de fórmula.

“Lo que no sabemos”, señaló Goepfert, “es si tienes una vacuna delta, en comparación con la vacuna normal, ¿de verdad funciona mejor para evitar el contagio o la infección asintomática?”.

Estados Unidos ha autorizado dosis de refuerzo para Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson en algunas personas, y otros pocos países utilizan refuerzos de esos fármacos o de otras vacunas contra el COVID-19.

La pandemia global de COVID-19 alcanzó el lunes los cinco millones de muertos en todo el mundo, menos de dos años después de que comenzara una crisis que no sólo devastó a los países pobres, sino que también doblegó a los ricos y a sus sistemas de salud de primera clase.

En total, Estados Unidos, la Unión Europea, Gran Bretaña y Brasil -todos países de ingresos medios o altos- suponen un octavo de la población mundial, pero casi la mitad de las muertes reportadas. Estados Unidos ha contabilizado 745.000 fallecidos, más que ningún otro país.

“Este es un momento decisivo en nuestra vida”, dijo el doctor Albert Ko, especialista de enfermedades infecciosas en la Facultad de Salud Pública de Yale. “¿Qué tenemos que hacer para protegernos para no llegar a otros cinco millones?”.

La cifra de víctimas, contabilizada por la Universidad Johns Hopkins, equivale a las poblaciones combinadas de Los Ángeles y San Francisco. Es comparable al número de muertos en batallas entre países desde 1950, según estimaciones del Instituto de Oslo de Investigaciones de la Paz. En total, es la tercera causa de muerte en todo el mundo después de la enfermedad cardiaca y los infartos.

La cifra es casi con certeza inferior a la real debido a las limitaciones de pruebas diagnósticas y a que algunas personas murieron en casa sin recibir atención médica, especialmente en zonas pobres del mundo como India.

En los 22 meses desde el inicio de la pandemia, los focos de infección han ido cambiando y tiñendo de rojo diferentes partes del mapa. El virus castiga ahora a Rusia, Ucrania y otras partes de Europa oriental, especialmente allí donde los rumores, la desinformación y la desconfianza hacia el gobierno han lastrado a las campañas de vacunación. En Ucrania, apenas el 17% de la población adulta está totalmente vacunada. En Armenia es apenas el 7%.

“Lo que es distintivo de esta pandemia es que golpea más duro a los países de muchos recursos”, señaló el doctor Wafaa El-Sadr, director de ICAP, un centro de salud global en la Universidad de Colombia. “Esa es la ironía del COVID-19”.

Los países ricos con esperanzas de vida más largas tienen una proporción mayor de personas ancianas, sobrevivientes de cáncer e internos de residencias de ancianos, todos especialmente vulnerables al virus, señaló El-Sadr. Los países más pobres tienden a tener más proporción de niños, adolescentes y jóvenes adultos, que son menos propensos a enfermar de gravedad por el coronavirus.

Pese a un aterrador brote de la variante delta que tocó techo a principios de mayo, India tiene ahora una tasa diaria de muertes reportadas mucho menor que la de Rusia, Estados Unidos o Gran Bretaña, tres países más ricos, aunque sus cifras están envueltas en incertidumbre.

La aparente desconexión entre salud y riqueza es una paradoja que los expertos en enfermedades analizarán durante años. Pero el patrón que se ve a gran escala, al comparar países, es diferente del que se ve de cerca. Dentro de cada país rico, cuando se proyectan sobre el mapa las muertes e infecciones, los vecindarios más pobres son los más golpeados.

En Estados Unidos, por ejemplo, el COVID-19 se ha cobrado un precio desproporcionado sobre negros e hispanos, que son más propensos que los blancos a vivir en condiciones de pobreza y tienen menos acceso a atención médica.

“Cuando sacamos nuestros microscopios, vemos que dentro de los países, los más vulnerables son los que más han sufrido”, dijo Ko.

La riqueza también ha jugado un papel en la vacunación global, con acusaciones a los países ricos de que han acaparado los suministros. Estados Unidos y otros estados ya están administrando dosis de refuerzo, mientras que millones de africanos no han recibido ni una sola dosis, aunque los países ricos también envían cientos de millones de dosis al resto del mundo.

África sigue siendo la región menos vacunada, con menos de un 5% de la población de 1.300 millones de personas totalmente inmunizada.

“Este devastador hito nos recuerda que estamos fallando a buena parte del mundo”, dijo en un comunicado por escrito el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. “Esto es una vergüenza global”.

En Kampala, Uganda, Cissy Kagaba perdió a su madre de 62 años el día de Navidad, y a su padre, de 76, unos días después.

“La Navidad nunca será lo mismo para mí”, dijo Kagaba, activista anticorrupción en el país del este africano, que ha sufrido varias cuarentenas contra el virus y donde se mantiene el toque de queda.

La pandemia ha unido al planeta en el dolor y llevado a los sobrevivientes al límite.

“¿Quién más queda? La responsabilidad cae sobre mí. El COVID ha cambiado mi vida”, dijo Reena Kesarwani, de 32 años y madre de dos niños, que ahora tiene que gestionar la modesta ferretería de su fallecido esposo en un poblado de India.

Su marido, Anand Babu Kesarwani, murió a los 38 años en el demoledor brote de coronavirus que sufrió India este año. La oleada sobrepasó a uno de los sistemas de salud pública más deficitarios del mundo y mató a decenas de miles de personas mientras los hospitales se quedaban sin oxígeno ni medicinas.

En Bérgamo, Italia, uno de los primeros lugares afectados de Occidente, Fabrizio Fidanza, de 51 años, no pudo despedirse cuando su padre de 86 años agonizaba en el hospital. Un año más tarde, aún trata de asimilar la pérdida.

“Durante el último mes no le vi”, dijo Fidanza durante una visita a la tumba de su padre. “Fue el peor momento. Pero venir aquí todas las semanas me ayuda”.

Hoy, el 92% de la población apta de Bergamo ha recibido al menos una inyección, la tasa de vacunación más alta de Italia. El responsable de medicina del Hospital Papa Juan XXIII, el doctor Stefano Fagiouli, dijo creer que es el resultado claro del trauma colectivo de la ciudad, donde el sonido de las ambulancias era constante en el peor momento de la crisis.

En Lake City, Florida, LaTasha Graham, de 38 años, sigue recibiendo correos casi a diario para su hija de 17 años, Jo’Keria, que murió en agosto de COVID-19, días antes de comenzar su último año de secundaria. La joven, que fue enterrada con su gorra y su túnica de graduación, quería ser cirujana de traumatología.

“Sé que lo habría conseguido. Sé que habría ido a donde ella hubiera querido”, dijo su madre.

En Río de Janeiro, Erika Machado revisó la lista de nombres grabados en una larga escultura de acero oxidado instalada en el cementerio de Penitencia como homenaje a algunas de las víctimas de COVID-19 en Brasil. Por fin lo encontró: Wagner Machado, su padre.

“Mi papá era el amor de mi vida, mi mejor amigo”, dijo Machado, vendedora de 40 años y que viajó desde Sao Paulo para ver el nombre de su padre. “Él lo era todo para mí”.

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