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Murió el pasado 15 de octubre, Marlene Marchena, una joven profesional dominicana quien se destacó por sus servicios a la comunidad.  Marchena sufría de cáncer y había emprendido una cruzada para ayudar a las personas que padecen de esa enfermedad en la comunidad hispana del oeste de Michigan.  A continuación, una nota de Ramón Peralta sobre esta sensible pérdida

Por Ramón Peralta

Me enteré esta mañana de la triste noticia de la muerte de Marlene después de un largo padecimiento de cáncer. La noticia me impactó por el hecho de que durante el tiempo que la conocí, la imagen que siempre me quedó de ella, fue su explosiva sonrisa, esa sonrisa que brota de un corazón y un alma pura. Si, así fue la vida de Marlene, transparente y llena de alegría. Aun cuando fue marcada por la terrible enfermedad del cáncer, Marlene no dejó de sonreír y preocuparse por la suerte de los demás. La última vez que tuve contacto con ella, fue cuando estaba interesada en formar un grupo de apoyo para orientar a personas de la comunidad que padecían de cáncer y que desconocían los recursos de ayudas para ellos. En ese momento comprendí mas las intenciones de su puro corazón y su interés desmedido de ayudar a los demás.

Mucho antes de esa ocasión, Marlene me había dado muestra de su espíritu de colaboración, cuando los dominicanos de Grand Rapids nos reuníamos para celebrar la fecha patria de la independencia. En esos actos no solo colaboraba en la organización sino que los adornaba con su bella y dulce voz interpretando canciones de esas que resuenan en el alma de todo dominicano. No debo omitir, que fue incansable trabajadora en pro de crear unos estatutos y así dar mas carácter de formalidad a la asociación de dominicanos, que hasta ese momento se limitaba a la celebración de la fecha patria. Recuerdo, que por su iniciativa decidimos que en vez de dedicar un día para la celebración de la independencia lo hiciéramos por una semana. Así lo hicimos y durante una semana celebramos diversos actos culturales con exposiciones de arte y charlas sobre la historia y la cultura dominicana.

No está demás decir, que Marlene fue una mujer de fe, pero no de esa fe que se exhume en palabras vacías y escandalosas, sino en la expresión de una vida pura donde la sonrisa era el imán y el hechizo  de atracción de los demás. Para mi esa fue su mas notable herencia: una sonrisa pura que hoy lamentamos que se haya apagado pero aun así quedará sembrada en muchos de nuestros corazones. ¡Adiós Marlene! Te vas pero nos deja tu sonrisa como testimonio puro de tu vida.    

 

 

 

 

 

 


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