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Que no cunda el pánico

 

En las últimas semanas hemos visto que los fallos en las vacunas contra el Coronavirus han saltado a las noticias con un tanto de sensacionalismo, pero no por ello menos preocupantes.

La vacuna Astrazéneca provocó trombosis en algunos pacientes en Europa, por lo que la mayoría de esos países del viejo continente decidieron suspender su aplicación.  Ahora, la vacuna del J0hnson and Jonhnson salta a los titulares por haber provocado coágulos sangineos en seis pacientes, por lo que la Oficina de Control de Enfermedades de Estados Unidos ordenó la suspensión de la misma.

Para como para poner fresa sobre la mateada, el presidente de Argentina contrajo el Coronavirus luego de haberse inyectado con la vacuna rusa llamada Sputnik V, que se está aplicando en ese país y otros de American Latina, Asia y la Europa del oeste.

Lo preocupante de esto no es solo el efecto secundario que pueda haber provocado una inoculación, sino que estas noticias echen gasolina a la desconfianza en las vacunas que desde antes de que se comenzaran aplicar, se hizo común en mucha gente en todas partes del mundo  y que promovieron los medios sociales.

Dice un viejo dicho que “una golondrina no hace el verano”.  Se han aplicado ya vacunas en más de 800 millones de personas en el mundo.  Solamente en Estados Unidos se han aplicado 76 millones de dosis completas y 195 en la primera fase.  En términos comparativos, los efectos secundarios han mínimos numéricamente y no por ello se descarta la efectividad de las inoculaciones para vencer la pandemia.

El mundo entero está cansado de los confinamientos y las distancias, las prevenciones y el constante temor a ser contagiado.  La única forma de vencer a la pandemia es superar con vacunas la carrera de contagios.

Michigan es ahora el estado de mayor número proporcional de contagiados y de mayor rebrote en los Estados Unidos.

La gobernadora del estado al igual que otros tienen esperanza en que el aumento de personas vacunadas reduzca la cantidad de contagios diarios.  Mientras tanto, no dejemos que cunda el pánico y el Covid gane terreno, pues de así nunca volveremos a la normalidad

Vivir pobre o morir rico

 

Tal parece que la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, después lanzar ataques feroces contra Godzilla, decidió dejar al monstruo tranquilo y no destruir la ciudad lanzándole proyectiles.

La teoría de algunos políticos como Yair Bolsonaro de Brasil y Donald Trump de Estados Unidos, fue desde principio de la pandemia, dejar que el mal matara a la gente pero no a la economía.

Cuando se declaró la pandemia en marzo del 2020, la gobernadora ordenó el cierre del estado en una cuarentena casi total.  Los casos siguieron aumentando pero no como lo hubieran hecho si no hubiera tomado la medida. Las solicitudes de seguro de desempleo se elevaron a un 23 por ciento, la economía del estado decayó en la misma proporción y la desesperación comenzó a hacerse sentir con protestas azuzadas por el presidente Donald Trump para que se terminaran las restricciones.

¡Abran Michigan! Gritaba.

El dueño de una barbería de Ann Arbor, abrió su negocio violando las disposiciones de la gobernadora, y los legisladores republicanos despojaron a la mandataria de la capacidad de decretar el estado de emergencia en base al cual declaró la cuarentena.

Las protestas se realizaron en Lansing y Grand Rapids y culminaron con un complot para secuestrar a la gobernadora Whitmer.

Este año, comenzaron las vacunaciones contra el virus y el gobierno del estado, comenzó a liberar restricciones.  Pero sucede que la velocidad de las vacunas es muy inferior a la de los contagios del Covid, y ahora tenemos una batalla entre vacunaciones y nuevos casos que no se sabe quien se pondrá la corona.

En las últimas seis semanas los casos de contagio han llegado hasta 10 mil y los muertos a 30 en un solo día.  Pero la gobernadora prefiere confiar en las vacunas y dice que no habrán nuevas restricciones.  Confía en que tiene la carrera ganada porque cada día el número de personas vacunadas supera al número de personas contagiadas.

Puede que tenga razón, pero ¿Qué hay de las bajas?

En Michigan han muerto cerca de 17,500 personas y el número diario sigue creciendo en la medida en que mas personas se van contagiando.

Es cierto que toda carrera tiene un final y llegará el momento en que el número de contagiados comenzará a descender lo mismo que el número de muertos. Pero ¿A qué número llegaremos?

Tal parece que estamos siguiendo las directrices de Bolsonaro y Trump, quienes cada quien por su lado y a su manera dijo que “es normal que la gente se muera”.

Claro, ninguno de ellos está en la primera fila tomando los riesgos de los trabajadores, y ninguno de ellos carece de las atenciones médicas para reponerse del Covid.

La gobernadora tiene que decidir si vamos a morir con una buena economía o a sobrevivir con una crisis.

Control de armas, la solución contra los crímenes en masa que al parecer nunca llegará

En 1994, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, se enfrascó en una batalla legislativa con el Congreso dominado por republicanos en la búsqueda de hacer aprobar un proyecto de ley que limitara las ventas de armas de fuego, las cuales, después de las enfermedades y los accidentes transito, representaba una de las primeras causas de muerte en Estados Unidos, tanto por homicidios como por suicidios.

Armas como la AR-15, AK-47, y M-16 creadas para combate, eran y son ahora vendidas como cualquier arma de cacería o de protección personal.  Estas armas tienen un alto potencial destructivo y son capaces de atravesar un chaleco antibalas y de disparar 30 veces de manera repetida y en segmentos de segundo.

Clinton logró solo que el Congreso prohibiera la venta de estas armas por diez años.  En consecuencia, desde el año 2004, esas armas están como frutas en los mercados.

La matanza ocurrida en un supermercado de Colorado el pasado 22 de marzo, lo mismo que la ocurrida seis días antes en Atlanta, vuelven a poner sobre el debate público el tema del control de armas, pero desafortunadamente, al igual que desde décadas, el asunto cae en el vacío y se desvanece como niebla que atraviesa el sol, creando un día claro bajo una falsa normalidad.

En lo que va de año se han producido unos cinco tiroteos masivos en el país con saldo de 28 muertos.  En el año pasado, se produjeron menos incidentes de matanzas masivas pero el número de muertes por armas de fuego fue el mas alto en décadas.

Al ocurrir el último de estos fatales incidentes, el presidente Joe Biden prometió someter al Congreso soluciones para el control de armas, una pluma al viento que nunca que nunca tocará tierra, pues inmediatamente legisladores, no precisamente conocidos por ser honestos, como Ted Cruz, adelantaron su oposición a todo lo que signifique el control de armas.

La constitución de los Estados Unidos adolece de actualizaciones que hasta un estudiante de la escuela elemental puede advertir.  Una de ellas es la segunda enmienda, que prioriza la importancia de las armas en manos de milicianos civiles para “proteger la libertad”.

Esa enmienda, correspondía a un país recién liberado de su condición de colonia cuya garantía de no volver a ser ocupado por su antigua metrópolis, era la firme voluntad de ciudadanos de ser libres.  Una vez Estados Unidos pasó a ser un estado, con su propio ejército, esa enmienda se convierte solamente en un documento para las páginas de la historia.

Todos los países del mundo tienen un estado o gobierno central cuyo cuerpo está compuesto por poderes independientes y departamentos, y entre estos últimos, las instituciones encargadas de la seguridad nacional, como el ejército y las fuerzas policiales.  En esto, no cabe de ninguna manera la existencia de fuerzas independientes.  Pero esa enmienda de la constitución es, el barrote sobre el que se apoyan los legisladores financiados por los grandes fabricantes de armas en el país, para impedir a conveniencia que se controle la venta de estos instrumentos letales.

Lo cierto es que, mientras Estados Unidos tenga en Congreso personas sin escrúpulos para poner sus intereses económicos y políticos por encima de la seguridad de los ciudadanos, las matanzas seguirán tan normales como el amanecer y volver a la oscuridad.

Las nuevas caravanas

 

“Muchas personas empezaron a reunirse este lunes (29 de marzo) en la noche en el norte de Honduras, con el fin de crear una caravana para salir juntos rumbo hacia Estados Unidos.”

Así dice un despacho de prensa de “France 24”, una agencia de noticias francesa, porque la noticia de las caravanas de inmigrantes es algo que está recorriendo el mundo, y como mal común en todas las latitudes, se asocia con las vicisitudes de todos los inmigrantes del planeta que huyen del hambre y la ausencia de esperanzas.

Por otro lado, la Associate Press en un despacho titulado: “EE.UU cuestiona arrestos de exfuncionarios en Bolivia”, dice que el Secretario de Estado Anthony Blinkeng “está preocupado por el creciente “comportamiento antidemocrático y la politización del sistema legal en Bolivia luego de los arrestos de funcionarios del gobierno interino del país”.

Parece que el Secretario de Estado norteamericano vivía en otro planeta cuando los funcionarios, ahora arrestados, en noviembre del 2019 obligaron al presidente Evo Morales a renunciar al cargo bajo la amenaza de matar a toda su familia. Ni cuando Janine Añez, entró al palacio con una biblia en la mano, y sin el respaldo de ningún capítulo, artículo o acápite de la constitución de ese país, se declaró presidenta interina.

Tampoco parece haber regresado al planeta tierra el flamante secretario, cuando ese gobierno de facto, no interino como él lo llama, mató a más de 40 personas e hirió a cientos en las manifestaciones contra el golpe de estado.

Si no se enteró de eso, mucho menos de que ese golpe de estado fue orquestado por el Departamento de Estado que él dirige ahora y al que ha pertenecido en varias administraciones.

Bolivia, hasta hace unos doce años, estaba en mismo nivel de pobreza de Haití, el país con la  economía mas deprimente de todo el continente americano.  La administración de Evo Morales, en diez años convirtió a la pequeña nación suramericana en la de mayor crecimiento económico del hemisferio y la de mayor reducción de los niveles de pobreza, de acuerdo a las cifras de la CEPAL, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.  Pero, sobre todo, del pueblo boliviano que vio de repente la comida en su mesa como no la veía antes.

Ese tipo de comportamiento de los Estados Unidos hacia Bolivia, ha sido el mismo hacia todos los países de América Latina desde hace siglos, y es el único responsable de que ahora los pueblos cuyo futuro este país destruyó, se vean obligados a huir hacia donde brille mas el sol de la esperanza.

Honduras, desde principios de siglo xx fue una finca propiedad de tres grandes compañías bananeras norteamericanas llamadas United Fruit Company, Standard Fruit Company y Cuyamel Fruit Company.  Tres empresas que utilizando los lobbies en el Congreso de Estados Unidos se agenciaron el mantenimiento de gobiernos serviles a sus intereses en el pequeño país centroamericano.

Los intentos por modernizar el país y mejorar las condiciones de vida de los hondureños, fueron frustrados por cúpulas militares al servicio de las industrias bananeras, como el golpe de estado a Villeda Morales en el 1963.

Durante la administración Ronald Reagan, Honduras fue utilizada como base militar para derrotar el gobierno sandinista de Nicaragua.

Después de décadas de gobiernos corruptos apoyados por los Estados Unidos, Honduras al comienzo del nuevo siglo se encaminaba hacia un proceso de integración económica regional con otros gobiernos de América Latina, mediante intercambios comerciales que favorecían directamente a las clases mas pobres y necesitadas del país.  Uno de esos intercambios era de productos agrícolas por petróleo con Venezuela y de médicos para atender a los sectores vulnerables, con Cuba. Eso ocurrió durante la administración de Manuel Zelaya del 2006.

Pero como Zelaya había incorporado a Honduras dentro de los acuerdos interamericanos del ALBA, que no responde a los intereses de Estados Unidos, los sectores de la ultraderecha con el apoyo de la oligarquía tradicional de Honduras y el visto bueno del departamento de estado norteamericano, le dieron un golpe de estado a Zelaya.

Aunque la administración del presidente norteamericano, Barack Obama, condenó el golpe, detrás se cocinaron otros aperitivos.  La entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, formó una comisión integrada por los congresistas cubanos de la ultraderecha de Miami para “mediar” en la crisis, dejando como resultado a Honduras en manos de gobiernos corruptos.

La pobreza en Honduras ha alcanzado niveles alarmantes en los últimos diez años y en consecuencia ahí tenemos las caravanas.

Que en Bolivia se juzgue a los culpables

 

Tras las elecciones de octubre del 2019, Bolivia despertó de pronto con protestas callejeras, atizadas por grupos de la extrema derecha que se resistían a la idea de haber perdido las elecciones ante un presidente que odia como el diablo a la cruz.  Estos sectores de clase alta, nunca vieron con buenos ojos que un campesino cocalero, como Evo Morales, los gobernara aunque ellos mismos habían sido beneficiados de los frutos de su administración.

Durante los 10 años de Morales, Bolivia pasó de ser el segundo país mas pobre del hemisferio al de mayor crecimiento económico sostenido en la región.

Pero en Estados Unidos gobernaba Donald Trump, un millonario que se hizo líder de la ultraderecha americana, por el solo hecho de pensar como ésta y de repetir los epítetos raciales que a esa clase le envilecen.

En virtud de esa corriente de pensamiento, las mas importantes instancias del país cayeron en manos de los sectores más atrasados de la sociedad americana, y en consecuencia las organizaciones internacionales lideradas y dominadas por Estados Unidos, como la Organización de Estados Americanos (OEA) y Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El Secretario General de la OEA era y es aún, Luis Almagro, un hombre ya conocido por su extremismo desbocado, quien había incluso llamado públicamente en el 2018 a que fuera asesinado el presidente de Venezuela Nicolás Maduro.

Los grupos de la derecha boliviana, encabezados por el expresidente Carlos Mesa, un individuo destacado por su poca confiabilidad, quien llegó a la presidencia en el 2003 tras la renuncia de Sánchez de Lozada, a quien le dio la espalda en sus momentos mas críticos, para alzarse con el poder.  Meza, fue también funcionario del gobierno de Evo Morales, y luego, al igual que con Lozada, se convirtió en su opositor clamando un supuesto fraude electoral.

La OEA era observadora de los comicios del 2019 que ganó de nuevo Evo Morales.  Luis Almagro, haciendo caso omiso a los informes de los observadores de la organización declaró que había serias pruebas de un fraude perpetrado por el oficialismo.  Esto le dio justificación legal a la ultraderecha apoyada por Washington, para que se perpetrara un golpe de estado.  Así, el jefe del ejercito obligó a Evo Morales a renunciar bajo la amenaza de matar a su familia.  El 13 de noviembre los personajes de la ultraderecha, Luis Camacho y Yanine Añez entraron a la casa de gobierno respaldados por el ejercito y ésta última, se autoproclamó presidenta.

Iniciaron una persecución contra los funcionarios del gobierno de Morales y éste tuvo que huir para salvar la vida.

Luego se produjeron manifestaciones contra el golpe que fueron reprimidas por el gobierno de facto dejando un saldo de 40 muertos y cientos de heridos y encarcelados.

En las elecciones del año pasado el partido de Morales ganó de nuevo las elecciones llevando como candidato a Luis Arce, lo que dejó en claro que no hubo fraude en las elecciones del 2019.

Eventos como el ocurrido en el 2019 en Bolivia no se deben repetir.  Nadie tiene el derecho de quebrantar el orden constitucional para saciar sus ambiciones de poder.  El sistema democrático boliviano tiene sus mecanismos de alternabilidad gubernativa y no es una organización al servicio de otro país como la OEA, quien puede irrumpir y destruir lo que el pueblo boliviano sembró con su trabajo y civilidad.  Los responsables de ese golpe no deben quedar impunes.  Si no se actúa ahora en consecuencia, eventos bochornosos, sangrientos como ese, se volverán a repetir impidiendo que Bolivia, como cualquier otro país del mundo, pueda alcanzar su pleno desarrollo.

 

 

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Entrevista con Ana José, de la Cámara Hispana de Ciomercio del Oeste de Michigan.

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