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QUITO (AP) — El total de presos fallecidos en tres cárceles de máxima seguridad de Ecuador subió a 79 el miércoles luego de que las autoridades retomaron el control de las prisiones donde se registraron amotinamientos y peleas entre bandas rivales.

El Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de Libertad (SNAI), detalló en un informe que 37 internos murieron en Guayaquil, ocho en Latacunga y 34 en Cuenca. En esas prisiones se concentra el 70% del total de la población carcelaria del país.

Se trata de la mayor cifra de muertos en amotinamientos en la historia penal de Ecuador.

En su cuenta de Twitter el presidente Lenín Moreno manifestó su “profunda solidaridad con familiares de víctimas de los terribles acontecimientos ocurridos en centros penitenciarios de Guayaquil, Cuenca y Latacunga. Desplegamos controles para mitigar la situación y seguimos investigando los hechos. Los autores serán sancionados”.

En las últimas horas se han producido nuevos intentos de motines en dos cárceles de Guayaquil, donde al menos 400 policías reforzaron la seguridad y se suspendió el tráfico por el perímetro externo. Aún no hay mayores detalles.

En un comunicado, presuntamente suscrito por varias bandas criminales y distribuido a periodistas en Guayaquil, se amaneza a varios reclusos y a un coronel de policía

Ricardo Camacho, analista en temas de seguridad y ex subsecretario de Rehabilitación, descartó en un diálogo con The Associated Press que los motines tengan alguna relación con bandas internacionales de delincuentes o narcotraficantes.

“Son disputas entre bandas nacionales que buscan acaparar el poder que quedó vacante en las prisiones tras la muerte de un líder delincuencial en diciembre y eso ha dado paso a esta masacre con una violencia nunca antes vista. Hay presos decapitados, desmembrados, sacados el corazón, los presos tuvieron varias horas para hacer lo que quisieron y cuando llegó la policía no opusieron mayor resistencia”, dijo.

Añadió que el sistema carcelario de Ecuador no funciona y que es necesario pensar en un nueva esquema que sirva para la rehabilitación de los reos.

Por su parte, el Sistema de las Naciones Unidas capítulo Ecuador pidió en un comunicado “una investigación pronta e imparcial, la sanción correspondiente a los responsables y una gestión de la crisis conforme a los estándares de la constitución y los instrumentos internacionales de los derechos humanos”.

En una acción aparentemente concertada, los disturbios empezaron cerca de la medianoche del lunes y se prolongaron durante buena parte del martes, lapso durante el que las prisiones permanecieron bajo el poder de los reclusos que actuaron con saña en contra de otros internos de bandas rivales.

Durante la violenta jornada la televisión mostró a presos lanzándose desde altos muros y a otros forzando puertas externas de las cárceles, aunque de inmediato fueron neutralizados por unidades de la policía apoyadas por efectivos militares movilizados para contener la situación.

El director del SNAI, Edmundo Moncayo, dijo la víspera en una rueda de prensa que “son dos grupos (de delincuentes) tratando de encontrar un liderazgo delictivo al interior de los centros de privación de libertad”.

Los presos que están en cárceles de máxima seguridad son aquellos condenados por narcotráfico, sicariato, extorsión y delitos mayores.

En los últimos años se han registrado amotinamientos con relativa frecuencia en las cárceles de Ecuador, que están diseñadas para albergar a unas 27.000 personas pero alojan a unos 38.000 reclusos.


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