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Por Andrés Abreu

Al momento de salir esta edición de El Vocero Hispano, grupos locales que luchan contra los excesos policiales organizan la sexta protesta en el centro de la ciudad bajo la consigna de “Black Live Matter”.  Sin embargo, una de éstas, la que se llevó a cabo el 12 de junio a las 4 de la tarde en el Rosa Park Circle, localizado entre el Monroe Center y la avenida Ottawa, tenía un slogan adicional y una razón más para reclamar justicia por las víctimas de lo que se ha venido a llamar “brutalidad policial”.  Esa consigna era “Breonna Taylor”.

¿Quién era Breonna Taylor?

Era una mujer afroamericana pequeña y de sonrisa grande, que nació y creció en los vecindarios pobres ubicados en el sureste de la ciudad de Grand Rapids, y que, a los 26 años de edad, ya tenía un titulo de la Universidad de Kentucky en “Técnica de emergencias médicas”.

El 13 de marzo de este año, Breonna, al igual que George Floyd no volvió a respirar, pero no por la asfixia de una rodilla en su cuello sino por ocho disparos que le hizo la policía de Louisville, Kentucky en su propio apartamento.

En un caso nublado de confusiones e informaciones no confirmadas, el Departamento de Policía de Louisville, Kentucky, obtuvo la aprobación de un juez para llevar a cabo una redada conocida como “No Knock Search Warrant”, es decir, “allanamiento sin tocar a la puerta” en el apartamento de Taylor en busca de un supuesto tráfico de droga que estaba realizando su novio, Kenneth Walker.  Cuando los agentes rompieron el silencio de la noche quebrando la puerta del apartamento, Walker, quien tenía un arma con permiso legal, disparó contra los intrusos hiriendo a un oficial, estos como imbuidos en una impetuosa soberbia, dispararon furiosamente al azar contra Walker y su entorno, alcanzando con ocho balas a Breonna Taylor.

El caso, como muchos y otros miles en Estados Unidos, pasó a los tribunales con las consabidas excusas y explicaciones policiales, en las que por lo regular, la víctima es un negro pobre y los héroes son los policías que arriesgan sus vidas tras “peligrosos delincuentes”.

La muerte de George Floyd en Minneapolis, Minnesota, el 25 de mayo de este año, por un policía que por ocho minutos puso la rodilla contra su cuello, como los ocho disparos que segaron la vida Breonna, levantó una consigna, adormecida por el tiempo y la impotencia creada años antes para defender los derechos de las víctimas de la policía, mayoritariamente negros: Black Live Matter.

En Grand Rapids, una joven de 19 años Elizabeth Delgado, junto a un grupo de jóvenes preocupados por la suerte de las minorías ante los violentos procedimientos policiales, organizó la marcha del viernes 12 de junio que reunió a más de dos mil personas.

La manifestación se inició en el Rosa Park Circle y recorrió bajo un sol brillante y reposado, que resaltaba los carteles, recordaban a la joven mujer víctima de los procedimientos policiales. Procedimientos que han sido admitidos por más de un siglo como protocolos incuestionables, pero que han cobrado la vida de miles de jóvenes afroamericanos cuyos cuerpos hoy descansan junto al polvo de las tumbas o forman parte de un país llamado prisión.

Estados Unidos tiene la mayor población carcelaria del mundo. Cerca de 4 millones de prisioneros, la mayoría de ellos negros y otras minorías étnicas.

“La mujeres afro americanas han sido víctimas de abusos por muchos años y Breonna Taylor, como un caso de esos abusos, es los que queremos destacar ahora”, dijo Elizabeth a este reportero.

“No quiero excluir a otras víctimas, pero el caso de Breonna, que fue disparada ocho veces por la policía, es algo que tenemos que mostrar como ejemplo de esos crímenes”, agregó.

El sábado 13 de junio el Rosa Park Circle volvió de nuevo a ser el escenario de las intensas protestas y reclamos de respeto a los derechos humanos.

Una multitud similar a la del día anterior, volvió a retomar las calles bajo la incansable consigna de “Black Live Matter”.

El pasado miércoles 10 de junio el gerente de la ciudad, Mark Washington,  y el jefe de policía de Grand Rapids, Eric Payne, anunciaron en una conferencia de prensa una serie de disposiciones para el departamento del orden, tendentes a evitar los excesos de la policía con la población civil.  Al parecer, a los grupos organizadores de las protestas, estas disposiciones pueden quedarse en sanas intenciones lejos de llegar a la práctica.  Por eso dicen, que seguirán las protestas hasta que realmente se produzca en la práctica un cambio que ponga fin a las injusticias contra la comunidad afroamericana.

 

 

 


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