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Por Ramón Peralta

Muy pocos fenómenos sociales envuelven tan fuerte la emoción en los humanos como los hechos políticos. Es más, se puede decir, que la emoción es el mecanismo ideal usado por los políticos para motivar a sus seguidores.  Dada esa realidad, se explica por qué la práctica de la política es mas emoción que otra cosa y por eso,  la tendencia de los políticos es alejarse de los asuntos mas perentorios de la sociedad y poner atención en aquellos menos relevantes, haciendo que los votantes se concentren en estos últimos.

A ese ambiente contribuyen grandemente los medios, que envuelven la información dentro del entretenimiento, dando lugar a que la gente vea la política como una diversión y no como expresión de una actividad con serias implicaciones y cuyas repercusiones inciden directamente en la vida ordinaria del ciudadano.  

Uno que ha hecho mas que ningún otro el uso de esta práctica, es el señor Donald Trump, que durante su presidencia ha pasado por encima a todos los protocolos establecidos, apelando a la emoción y al uso de apelativos denigrantes no importa la persona o institución de que se trate. En ese sentido, ha insultado a ex presidentes, representantes diplomáticos y todo aquel que se ha atrevido a hacer  mínimos cuestionamientos, tanto a su persona como a su política.

Debido a esa manera de actuar, Donald Trump ha convertido su presidencia en un caos, donde el estado de ánimo del primer mandatario y no las normas tradicionales de la administración, es lo que dicta lo que se va a hacer en un determinado momento. Eso ha contribuido a la improvisación y a crear incertidumbre  tanto en la política interna como en la externa.

Otro elemento derivado de ese proceder, es la inestabilidad en el seguimiento de lo que la administración quiere llevar a cabo y cuyo ejemplo mas claro ha sido su política para enfrentar la pandemia del Coronavirus. La población ha carecido de un liderazgo efectivo, trayendo como consecuencia un elevado número de contaminados y de muertes innecesarios. Desde los comienzos de la pandemia el presidente ha tratado el tema como si se tratara de algo simple y sin importancia, y haciendo caso omiso a las recomendaciones dadas por los funcionarios designados por él mismo para mitigar los efectos de la pandemia.

Por otro lado, el presidente ha usado sus poderes para desacreditar sus contrarios políticos como si se trataran de personas de la calle y no partes de la estructura de poder fundamentada en los mandatos constitucionales. Ese modo de actuar ha conllevado la creación de constantes controversias, fragilidad en las instituciones, odios entre la población y la polarización entre los grupos étnicos y políticos que componen la ciudadanía. No hay lugar a dudas, que el ambiente político creado por el presidente  podría llevarnos a una situación que afecte negativamente la estabilidad del próximo proceso electoral y estampe una mancha indeleble en la democracia americana.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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