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Por Ramón Peralta

En la obra “Fields of Blood, Religion and the History of Violence” (“Campos de Sangre, Religión y la Historia de la Violencia”, la teóloga  Karen Amstrong, dice en su introducción algo que me llamó mucho la atención. Ella afirma, que el cristianismo hoy se ha convertido en un ritual mas que en otra cosa. No hay otro país donde esa expresión se lleva a la práctica como en Estados Unidos. La mayoría del practicante en Estados Unidos asume el cristianismo como un ritual, donde generalmente, la persona se concentra en asistir un día de la semana a una ceremonia religiosa, olvidando en la práctica el sentido básico de la doctrina. La oración y el culto religioso, y  no la acción se convierten en el centro de la práctica cristiana. Si Jesús hubiese seguido ese curso su nombre no se hubiese conocido fuera de Israel. En ese sentido, se hace creíble la frase de un autor anónimo que dice: “Cada vez que me acerco a los cristianos mas me alejo de Jesús Cristo.”  

Durante el período de la historia que se denominó la Edad Media, el cristianismo cayó en esa práctica dando lugar al surgimiento de posiciones doctrinarias marcadas por el dogma, que luego trajo como consecuencia  la Reforma Protestante. Aunque esta última impulsó un cambio, sin embargo, a través del tiempo, los que se denominaron “protestantes” volvieron a las mismas prácticas que sus homólogos de la Edad Media pero ahora con el agravante del individualismo en la interpretación y en el ejercicio de la doctrina, dando lugar a un sin número de grupos, apoyados en caprichosas prácticas, entre las que se encuentran la habilidad de predecir el futuro, basado en el sueño, la visión y otros fenómenos supra naturales. Ese don, que le llaman de “profecía” cayó en desuso entre los grupos cristianos hace mas de dos milenios y fue revivido en 1901 en Topeka, Kansas por afiliados al pentecotalismo. Además del hecho de profetizar, estaba el de “curar” y el de hablar en “lenguas”.

Esas prácticas han tomado auge recientemente en Estados Unidos y Latinoamérica bajo los nombres de grupos “proféticos” y “carismáticos”. Ambos grupos, que se afilian a dos conocidas denominaciones cristianas, que por razones obvias no queremos nombrar, y a individuos independientes, que usan los medios sociales para reclutar sus seguidores, cuentan con cerca de 65 millones de afiliados solo en Estados Unidos y se consideran como los grupos cristianos de mayor crecimiento en el mundo, con un estimado de medio billón de seguidores. En Estados Unidos, entre los mas conocidos representantes de esta tendencia, están agrupados en las  llamadas “megachurches”, que vinieron a reemplazar lo que en los años 1990s se conoció como el “tele evangelismo”, y que  son iglesias que giran alrededor de un individuo o pareja, que  gozan de completa independencia para hacer lo que quieren. Los líderes de  estas instituciones, si así se les puede llamar, se caracterizan por tener una vida privada marcada por la ostentación, el lujo y la riqueza a costa de la contribución de ciegos feligreses que se entregan a sus deseos y a la tergiversación de la doctrina.

Pero lo mas característico de estos grupos de “profetas” y “carismáticos” es, que su práctica religiosa no es controlada por institución alguna y por tanto, no es raro que crucen de los linderos de la religión a la política, como medio de obtener prebendas y reconocimientos en el mundo de la política. Por eso, no fue raro, que muchos de ellos se entregaran ciegamente a las manos de Donald Trump, a quien en ciertos momentos consideraron como “enviado” de Dios, a pesar de la oscura vida moral del ex presidente.

Recientemente, y después de pasadas las elecciones e instalado el nuevo gobierno, un número considerable de estos líderes religiosos, llamados “profetas”, que según el pastor y “profeta” Johnny Enlow, suman mas de 100, declararon el retorno de Trump, no en el 2024 sino este mismo año de 2021. La dislocada afirmación de dichos “profetas” descansa, según ellos, en “revelaciones proféticas”. Algunos de esos “profetas”, seis en total, se apartaron de las predicciones de sus colegas por considerarlas fuera de lugar y basadas en falsedades. Pero lo mas desconcertante es, que esas prácticas cada vez se hacen mas generalizadas en otros órdenes, es decir, fuera de lo político, y están sirviendo de instrumento, a mi modo de entender, para distorsionar aspectos fundamentales del cristianismo y al mismo tiempo, para establecer conductas religiosas totalmente opuestas a la esencia de esa doctrina, que es mas que un ritual nebuloso sometido al capricho y al acomodamiento personal de un “profeta” y “carismático”.  

 


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