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Por Ramón Peralta

En la democracia nos dicen que es el gobierno de todos. Que cada uno tiene un voto. Y que todos somos iguales. Pero resulta, como dice el refrán, que del dicho al hecho hay un gran trecho. Los políticos, que son los manejadores del sistema, les importa mas aquellos que les pagan sus carreras que la suerte de las mayorías. Por eso no es extraño, que cada vez que aparece un proyecto en favor de las mayorías, los obstáculos no se hacen esperar.

Recientemente el presidente Biden presentó al Congreso un ambicioso proyecto para la reparación de la infraestructura de puentes y carreteras, donde se incluyen además, una amplia gama de planes sociales para beneficio de las capas bajas y medias, y la introducción de medidas para la regularización del status de los inmigrantes que por años residen en el país de manera ilegal.

La aprobación del proyecto hoy se encuentra amenazada, debido a que legisladores de la bancada republicana consideran, que aprobar la legislatura llevaría al país a un déficit presupuestario y a la bancarrota por el aumento del monto de la deuda que necesitaría el país para pagar dicho proyecto. Esos mismos legisladores son los que en el 2017 no les importó aprobar un innecesario corte a los impuestos de los súper ricos, lo que dejaba al gobierno sin esos recursos y por tanto, al borde de provocar el déficit que hoy tanto temen.  Por tanto, las razones de la postura republicana de temor frente al proyecto presidencial, se debe a que no conciben que el supuesto déficit sea provocado en proyectos para beneficio de las grandes mayorías de las capas bajas de la sociedad. Si hubiese sido lo contrario, es decir, para beneficios de los ricos, como sucedió en el 2017, de seguro que los republicanos estuvieran con las bocas cerradas.

Está claro también, que la intención de los republicanos es crear una crisis política con el fin de descarrilar cualquiera oportunidad que los demócratas puedan sacar si se llevan a cabo los planes de sus proyectos sociales dentro del proyectado presupuesto en disputa. Durante dos veces consecutivas, en el 2017 y 2019, los demócratas contribuyeron a que el Pte. Trump aumentara el tope de la deuda, con el fin de cortar los impuestos a los súper ricos, sin crear los problemas en que hoy nos encontramos. Precisamente, son los súper ricos los que están impulsando entre sus políticos la reducción del déficit como prioridad antes de que se conozca la agenda de proyectos sociales incluida en el presupuesto del Pte. Biden.

Otro elemento importante que hay que tomar en consideración, dentro de la confusión que hoy se encuentra el Congreso, es la regulación del gasto público estableciendo prioridades basadas en las necesidades básicas de la población. Ha sido costumbre del aparato estatal priorizar un exagerado gasto militar sin importarle las consecuencias que esto conlleva. Ahora hubiese sido un momento oportuno para revisar esa política, pero nadie ha alzado la voz en ese sentido. Pero estamos seguro, que si el gasto militar hubiese sido el centro de la disputa en la que hoy se encuentra el Congreso, nada hubiese pasado, porque aquí importan mas la armas que las barrigas de la gente.

 


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