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Por Ramón Peralta

Recientemente el gobernador de Texas, Greg Abbot, anunció que iba a plantear la derogación de una ley vigente desde 1982 por la cual el estado está obligado a proveer educación a los niños inmigrantes indocumentados. El gobernador justificó su propuesta bajo el pretexto de que esa acción representa una carga financiera para el estado.

El anuncio además de carecer de bases reales no es mas que otras de las tantas maniobras políticas que este gobernador ha estado tramando como parte de su política xenofóbica contra los inmigrantes. En meses pasados, envió a Washington un grupo de los niños que han sido aprehendidos en la frontera para dizque llamar la atención al gobierno federal sobre el peso que ellos representan para el estado.

Una vez el gobernador hizo su propuesta, los sectores que dirigen la labor educativa en el estado dieron a conocer su posición de rechazo a dicho proyecto, catalogándolo como carente de fundamento, ya que el gasto que el estado hace en la educación de los niños inmigrantes indocumentados es una mínima proporción del presupuesto escolar del estado y que por lo contrario, el gobierno estatal debiera de estar mas preocupado en proporcionar educación a esos niños, ya que, dicha acción derivaría beneficios económicos para el estado.

Los sectores educativos han catalogado la posición del gobernador como de índole política mas que otra cosa. La calificación es acertada ya que, retrata de cuerpo entero la radical posición que en los últimos años ha estado fomentando el gobernador en torno al problema inmigratorio, que, dicho sea de paso, ha dejado atrás la obra de su maestro y protector Donald Trump. Ya son bien conocidas las posiciones del gobernador con respecto a la construcción del muro en la frontera y el llamado a enviar tropas del estado a la frontera para reforzar su vigilancia. Pero su posición de negar la educación de los niños en base a falsos estimados es la gota de agua que desborda la copa.

Los funcionarios de educación enfatizan que el estado por lo contrario debería ampliar los programas educativos a una mas amplia población en vez de reducirla como pretende el gobernador Abbot. En ese orden, hacen un llamado para establecer una opción universal del pre-kindergarten, aumentar los fondos para entrenamiento de carreras, un aumento de los fondos del programa bilingüe y subir los sueldos a los maestros.

Por otro lado, los datos escolares de años recientes desmienten la posición del gobernador referente a despojar de educación a los niños indocumentados. Según los estimados, los niños indocumentados en el estado de Texas representan un mínimo porcentaje con relación a la población escolar; unos datos los ponen en un 3% y otros en un 4%. Sin embargo, aún cuando el gasto escolar en estos niños asciende al costo de $957 millones, la proyección del beneficio se eleva a $1.58 billón.

En definitiva, la propuesta del gobernador no es mas que otra estrategia montada en falsos principios, con el fin de atacar las víctimas mas vulnerables del problema inmigratorio y tomarlas así, como chivo expiatorio para ganar votos de la ultraderecha en las próximas elecciones de su estado. Vista en una perspectiva histórica, la política del gobernador da a entender que todavía hay grupos que no están satisfechos de haberle arrebatado a México el territorio de Texas y de ahí que sigan queriendo maltratar su indefensa población, en este caso los niños. Esa brutalidad era propia de los llamados bárbaros con la diferencia de que ahora la llevan a cabo los propaladores de la “democracia”. 

 

  

 


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